¿Es posible amar a dos personas a la vez, sin ser un hijueputa o un malparid@?

¿Es posible amar a dos personas a la vez, sin ser un hijueputa o un malparid@?
Fabio Olivo
11 Nov 2025
Psicología

Este es un tema álgido y escabroso, motivo frecuente de consulta privada, donde suelen evidenciarse altos niveles de tensión, estrés, sufrimiento y un marcado desajuste emocional en quien enfrenta este dilema. Aunque el grado de sufrimiento varía de una persona a otra —según las bases constitutivas de su personalidad[2]—, es un hecho, y no una opinión, que esta pregunta ha sido, es y seguirá siendo encarnada por muchos hombres, mujeres y personas sexodiversas en algún momento de sus vidas.

Por la frecuencia de este tipo de vivencias en la práctica clínica, y debido a las implicaciones y consecuencias psicológicas que genera —tanto directas como indirectas— en quien las experimenta, así como por su impacto en la familia (primaria, nuclear o extendida), en la economía psíquica e incluso monetaria, y en la moral individual y social, resulta relevante y necesario reflexionar este complejo tema con claridad, profundidad y amplitud.

Hablando sin tapujos, este reto —que para quien lo atraviesa puede resultar siniestro— suele iniciar con una traición hacia una de las partes, usualmente hacia la pareja principal. Por ello, quien encarna esta situación puede ser percibido como un “hijueputa” o “malparido”, no solo por su pareja, sino también por su entorno cercano: amistades, familia o comunidad. Esta condena moral tiene fundamento, pues al origen de este conflicto hubo mentiras, deshonestidad y, en definitiva, una conducta narcisista, egocéntrica y egoísta. Se trata de un comportamiento que revela que el protagonista actuó movido por sus propios impulsos y necesidades, olvidando al otro y su salud mental.

En internet, la literatura y diversos videos se afirma que sí es posible amar a dos personas a la vez; otros, en cambio, lo niegan. Algunos son liberales, otros conservadores, y también están los tibios (los del “sí, pero no”, “no, pero sí”). Sin embargo, una cosa es lo que se escucha o se lee, otra muy distinta lo que se vive. Por eso, no considero prudente asumir una decisión tan trascendental basándose únicamente en un libro de autoayuda, un video de YouTube o un clip de TikTok. Tal como plantea Anthony de Mello en su historia *“Come tú mismo la fruta”*, la vida es una experiencia única e intransferible, donde la verdad y el significado son descubrimientos personales que no pueden transmitirse directamente. De modo que quien atraviesa un dilema de este tipo no debería basar su perspectiva solo en lo que otros digan, sino analizar su propio conflicto de forma interna. Tomar decisiones “de afuera hacia adentro”, en lugar de “de adentro hacia afuera”, solo aumentará su sufrimiento y el de quienes estén involucrados.

Desde la psicología: ¿es posible amar a dos personas?

Volviendo a la pregunta inicial, y abordándola de manera directa, desde la psicología la respuesta es sí: sí es posible. No obstante, se trata de un lugar complejo y difícil de sostener[3], que tarde o temprano atraviesa el “valle del horror”, debido a las implicaciones y exigencias que conlleva. Quizá, más importante que preguntarse si se puede o no amar a dos personas simultáneamente, sea preguntarse por qué alguien siente la necesidad de hacerlo, por qué siente que “muere” si deja a uno de los dos objetos de amor[4]. Quien vive este conflicto no lo hace desde la libertad[5], y para que esa posibilidad sea realmente “sana”, no debe ser producto de un capricho, un antojo o una simple irresponsabilidad emocional. En muchos casos, esta imposibilidad puede estar relacionada con factores como:

  • El tormento que genera la idea de que alguna de las partes sufra.
  • El miedo a perder un objeto de amor.
  • Una necesidad constante de validación externa.
  • Una adicción al placer, la novedad o la aventura.

Ahora bien, en consulta no suele tratarse tanto de la capacidad de amar a dos personas al mismo tiempo —desde un lugar emocionalmente saludable—, sino de la confusión entre desear a una persona y amar a otra[6], sin que uno de los involucrados conozca la existencia del otro. Este fenómeno revela una mezcla entre el deseo, el amor como emoción (al que en adelante llamaré “enamoramiento”) y el amor como construcción (que denominaré “amor-construcción”). Una vivencia escalofriante, por no decir aterradora[7].

Razón por la cual considero imperativo, en este punto de la reflexión, aclarar qué diablos es el deseo, qué carajos es el enamoramiento y qué rayos es el amor, para así informarte e intentar explicarte lo que vivencias, e invitarte a tomar un lugar más conveniente para transitar ese desgarre emocional que vives.

Para saber desde dónde puede iniciar este proceso, sigamos acompañados de otra pregunta: ¿Cómo se gesta una relación de pareja? O, en otras palabras, ¿en qué punto de la ecuación entra el tercero con interés en tu relación? Al respecto, es pertinente mencionar que no creo haya un único camino; sin embargo, comparto uno más o menos posible:

De una relación de proximidad recurrente (que puede darse en la parada del bus, en una ruta de transporte, en el trabajo, en la universidad o en la escuela, etc.) se puede pasar, en algunos casos, a una relación de cercanía (en la que se habla y se reconoce al otro, es decir, se le nota) y, a partir de ahí, avanzar a través de refuerzos positivos hacia la amistad, si el otro cumple con algunas características que es mejor indagar[8]. En esta etapa se satisfacen necesidades de intimidad, apoyo y lealtad, entre otras; espacio en el que solemos abrirnos y contar un poco de nuestra historia (esas cosas que nos dolieron, que nos lastimaron). Si el otro es capaz de alojar asertivamente lo develado, existe la posibilidad de fortalecer esa relación de amistad. Pero si además él o ella te resulta atractiv@ —lo que significa, en otras palabras, que te gusta, que te genera cosas—, y notas que también te mira con las pupilas dilatadas y con un brillo particular en los ojos, se puede avanzar (en el mejor y en el peor de los casos) a la hermosa enfermedad del enamoramiento. Si tienes suerte, eventualmente puede incorporarse la sexualidad y el sexo en la fórmula; ello puede llevarte a ese algo que no tiene nombre, pero que tampoco lo necesita porque lo es todo (noviazgo o enamoramiento)[9]. Ahora bien, es pertinente mencionar que esta vía “no única” suele depender de la etapa evolutiva de los amantes, hecho que tendrá un efecto sobre la forma en que se incorporará la sexualidad y el sexo en la fórmula[10].

Ajá, ¿y qué pasó con lo del deseo?

Ok… En primer lugar, aclaro que en esta reflexión se hablará del deseo inconsciente, que en términos psicológicos no es sinónimo de amor —no son lo mismo—, razón por la cual, entre estas vivencias, en ocasiones hay desacuerdos intrapsíquicos de mediana o alta intensidad. Estos se dan en la vida real cuando una persona “senti-piensa” que ama profundamente a una persona (por ejemplo, el esposo) y, al mismo tiempo, “senti-piensa” que desea profundamente a otra (el amante). Motivo de consulta con una alta dosis de sufrimiento emocional en quien encarna esta experiencia, vivencia considerada una herejía en nuestra cultura. Sin embargo, como mencionamos en un pie de página arriba, el amor no ataja al deseo[11].

El deseo inconsciente es una fuerza que mueve incesantemente, es decir, que puja, puja y puja, de manera insatisfecha e indefinida, pues siempre quiere lo imposible (el retorno de la plenitud perdida). Es un torque que nos mantiene vivos, que está relacionado con una pérdida de la infancia y que nos protege contra el absurdo de la vida (la muerte).

El tema es álgido y escabroso porque nuestro deseo muchas veces está teñido de deseos ajenos, y ello obedece a que desde el principio fuimos concebidos por deseos inconscientes ajenos que nos marcaron. Ejemplo de ello es el deseo (consciente o inconsciente) de nuestros padres al concebirnos, o la traza de expresiones como: “Mira, mira, es tan chiquita que no se ve”, “Eres lo más hermoso del universo” o, un poco más allá, “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Estas huellas nos marcan desde entonces una trayectoria en nuestro devenir[12], pues nos apropiamos de lo que nos dice el otro. De tal manera, el deseo, su orientación, dirección y elección se producen por la incidencia del otro. Razón por la cual es esencial estar prevenidos de lo que hicieron de nosotros; de esta manera, por la vía de la marca del otro, nos alojamos en el querer, convertidos así en sujetos-objeto de goce, esclavos de un deseo ajeno, seres con poca libertad.

Por su parte, el amor como enamoramiento te llena de una energía inacabable, asociada al placer, a la carne, a la fascinación por algunas características del otro, percibidas por sus aparentes circunstancias de vida, por su supuesta forma de ser, de ver y/o interpretar la vida (Merlano, s.f.). Conjeturas que fingen llenar tus vacíos y satisfacer algunas de tus necesidades, como de hecho sucede “temporalmente”. Es tan potente la intensidad de esta emoción, que la persona “amada” llega a ser considerada una especie de dios o diosa por su amado, y se llega a creer muy íntimamente que es el tes@ de la película —¡tú sabes!—. Esta es una vivencia muy fuerte, difícil de ocultar ante la mirada de otras personas (normalmente quien la vivencia suele pensar: “Debo controlar mi mirada o se darán cuenta de lo que estoy sintiendo por él o ella”). El príncipe de la canción, José José, define esta vivencia de una manera muy interesante en una de sus canciones, *El amar y el querer*, revelando que desde esta posición el enamoramiento es querer, es vivir, es gozar[13].

Ahora bien, es relevante aclarar que el amor como emoción está basado en una ilusión, en una idealización que termina convertida en una especie de bomba de tiempo, que no aguantará el peso de la realidad y que tiene fecha de expiración. Por ello, durante esta etapa no se deben tomar decisiones importantes y/o definitivas, como tener un hijo, irse a convivir juntos o hacer negocios, entre otros manejos, pues la probabilidad de error es significativamente alta.

Cuando una pareja pasa el peso de la realidad, es decir, cuando se vencen los conflictos que surgen al enfrentar la idealización *face to face* con lo real —proceso que sí o sí se debe vivir o afrontar antes de decidir amar o construir—, a partir de allí se contará con un conocimiento o cimiento que permitirá a las partes remar en un mismo sentido. Los conflictos, negociaciones o aprendizajes de este proceso de gestación o re-conocimiento deben girar, entre otros temas, alrededor de las siguientes áreas:

  • El manejo del dinero.
  • Los tipos de entretenimiento.
  • La administración de los tiempos libres.
  • El tipo de amigos(as).
  • Los intereses académicos.
  • Los objetivos o metas de vida.
  • Los ideales políticos.
  • Los gustos en las vestimentas.
  • Las preferencias de participación en redes sociales.
  • Las condiciones de salud.
  • Los tipos de relación con la familia primaria.
  • La filosofía de vida.
  • Las creencias espirituales o religiosas.
  • Los valores o guías de conducta, entre otros, tales como los gustos por los animales.

De tal manera que solo hasta entonces se podrá vivenciar la relación desde otro lugar. Esta es una etapa de mucho trabajo, en la que hay que negociar, re-negociar y volver a negociar con bases sólidas, legítimas, razonables y sensatas, pues a partir de tales acuerdos se sostendrá un proyecto de familia: un hogar. Esta etapa se suele denominar *amor-construcción*, pues a partir de allí la relación estará basada en un conocimiento con cierto grado de profundidad del otro (lo que puede y lo que no puede), saber con base en el cual se elegirá —o no— seguir adelante. En este punto, tal vez sea mejor que el dolor se vuelva carne, a perder el tiempo.

Ahora bien, es conveniente no perder de vista que, en la práctica, este proceso requiere —como expresa un posible líder espiritual masificado en las redes sociales— un par de saberes más en el caso específico del hombre para con la pareja mujer, pues solo con saber ser amigo, compañero, amante, hermano, padre, maestro, educador, mediador, cocinero, guía turístico, saber nadar, bucear, escalar, ser mecánico, plomero, *in-driver*, decorador de interiores, asesor de imagen, gineco-obstetra, electricista, psicólogo, médico, psiquiatra, ser atento, simpático, atlético, elegante, caballeroso, inteligente, imaginativo, creativo, dulce, fuerte, comprensivo, tolerante, prudente, ambicioso, capaz, valiente, decidido, confiable, respetuoso, apasionado, calzar 43 (o más), ser solvente y, sobre todo, fiel… no ser celoso (pero tampoco desinteresado), llevarse re-bien con su familia (la de ella, pero sin dedicarle más tiempo que a ella), darle espacio (pero mostrarse preocupado), no olvidar las fechas de cumpleaños, aniversario de novios, boda, graduación, primera vez (y recordar forma, color, textura y marca de la ropa íntima), y MUY importante: no olvidar la fecha de cumpleaños de la mejor amiga.

En psicología profunda no hay nada más serio que un chiste, por eso el chiste; porque, a pesar de que un hombre cumpla con el *checklist* en mención, ello no le será garantía de nada, de absolutamente nada. Si no lo crees, te invito a recordar el caso de Caroline Celico, quien públicamente dijo que se separó de su esposo porque él era "demasiado perfecto" para ella[14].

Pero bueno, más allá de ello, la tesis, la idea fuerza expresada en la fase *amor-construcción* no es lo riesgoso del amor, sino que es una etapa que requiere TIEMPO y acciones sostenidas en él, dedicadas a satisfacer necesidades en tu pareja, tales como: cuidado, apoyo emocional, intimidad, lealtad, confianza, pasión, compromiso y autonomía, entre otras. Sin embargo, ello no significa que no se pueda amar a dos personas al mismo tiempo[15].

Entonces, y con base en lo expuesto hasta aquí, el amor es más una decisión de construcción que puede incluso ir en contra del deseo, la necesidad o el capricho. Es decir, la decisión también puede superar a la pasión; un nivel de conciencia en pareja que no surge o aparece de la nada, ni de la noche a la mañana, ni de una sonrisa, mirada pícara, gusto o atracción física, cruce de piernas o relación sexual. Para llegar a ese nivel se requiere cierto grado de sanidad mental y madurez.

Ahora bien, en este punto de la reflexión, la pregunta debe ser reformulada o plantearse de otra manera, quizás así: ¿Es posible amar y desear al mismo tiempo a dos personas diferentes sin ser un “hijueputa” o un “malparido”?

La respuesta es sí. Sin embargo, hay que dirimir un asunto álgido y escabroso, que gira alrededor de si quien decide emprender esta experiencia lo hará por la vía de la lealtad (camino que puede eximirte de los apellidos incorporados en la pregunta inicial) o por el camino de la deslealtad. Es decir, si expresará a su(s) pareja(s) el tormento que pasa por su mente o si optará por el papel de la mentira.

Si escoge el segundo camino, avanzará en un proceso total de quebrantamiento de la confianza, en el que, además de correr el riesgo de ser categorizado, en términos de Paquita la del Barrio, como una rata inmunda, un animal rastrero, una escoria de la vida, un adefesio mal hecho, un infrahumano, un espectro del infierno o una maldita sabandija, también corre el riesgo de romper definitivamente el vínculo, la relación.

Este camino tendrá otros desafíos, tales como la atención constante, la tensión, el estrés, la agonía y el desgaste de tener que usar amigas como coartadas, tener gastos no declarados y exceder los límites económicos, ocultar llamadas, borrar mensajes, hacer coincidir horarios y sostener el cansancio, entre otras acciones. Una tarea nada fácil de mantener en el tiempo. Ahora bien, la idea acá tampoco es caer en prejuicios, condenas, autocondenas o profecías de incapacidad, ni en culpas patógenas, pues somos seres humanos y vivir, para nosotros, es todo un reto; un desafío en el que, por suerte, nos asiste el derecho al error.

Con respecto al primer camino —el de comunicar abiertamente el dilema a quien(es) se debe comunicar—, además de ser ético, puede ser un camino interesante para acabar con la locura bipolar, con ese pensamiento polarizado de ver una sola salida-sin salida, de tener que escoger a uno de los amores, de decidir con cuál de los dos quedarse: con el que al besarte te da la vida y envuelve tu alma con sus caricias, o con aquel que te espera en casa, tan dulce, noble y bueno, aquel que amas y que con fiel esmero siempre te ha cuidado, aquel que te ama y te mima.

Al respecto, esta alternativa —el primer camino— es una lucha que solo han peleado los valientes (como dice la canción La dueña de mi suerte, interpretada por Rafa Pérez). Es una opción que debe tener como premisa no dañar a nadie. Por ello, es importante medir muy bien las palabras y prepararse para sostener una conversación no solo honesta, sino madura, franca y empática, sin posiciones defensivas ni justificaciones, sino con verdades, buscando a toda costa salvar una relación (máxime si hay hijos de por medio, aunque no solo por esa condición). Cualquiera que sea el nombre de la relación, se debe procurar custodiar el vínculo. La falta de preparación, quizás, potencie el conflicto, el sufrimiento y el dolor entre las partes.

Sin duda, a través de este camino (en el que tal vez, en el orden de la fantasía y la imaginación, se quiera tener a ambos), probablemente se te caerá el mundo. Pese a tus buenas intenciones, es un camino complejo y difícil de transitar, al alejarse de una relación monogámica aceptada legal y moralmente en nuestra sociedad actual, de lo enseñado por el modelo de amor y por la guía moral de una cultura violenta y desconectada del sentir humano, quizás más instalada en la religión. Chocarás con la cultura. Aunque tampoco se puede perder de vista que una relación de este tipo exige articular procesos tales como la intimidad, los gastos, las responsabilidades del hogar, la relación con los miembros de la familia del otro, los tiempos de calidad para compartir y la necesidad de entretenimiento, entre otros.

Sin embargo, cabe resaltar y valorar que este camino refuerza uno de los grandes pilares que sostienen una relación importante: la confianza. Porque el otro sabe a qué atenerse. Aun así, este camino es solo la punta del iceberg, pues las otras partes harán lo propio. Este proceso puede llevar a la ruptura de una de las relaciones o de ambas, y ante una situación así, a pesar de que se haga lo correcto, quizás solo quede aceptar que se terminó. No es la opción más pasiva, pues con ella inicia otro gran trabajo: el del duelo. Sin embargo, por este camino también se pone fin a la traición.

Amar y desear a dos personas al mismo tiempo no es un tema teórico; es el pan de cada día en la consulta privada. Particularmente, recuerdo pacientes en análisis que expresan sentir que aman a dos personas increíbles al mismo tiempo. Revelan la certeza de que ninguna de las partes amadas aceptará el triángulo, lo cual es absolutamente razonable en nuestra cultura occidental. Esa posición, según ellos, les exige tomar una decisión, una dolorosa elección, una experiencia que viven con un alto grado de angustia, debido al inmenso sufrimiento que embarga sus corazones. En ese punto, algunos me han expresado con vehemencia y malestar que no se sienten capaces de dejar a ninguno de los dos. Es una vivencia muy, muy dura, que se encarna en la mente de quien la padece como una hernia discal mental; realmente, una experiencia terrible, donde la salida, sin duda, no es la lobotomía. Mi silencio ante tal narrativa es sepulcral. Recuerdo que algunos me encaran con desagrado, diciendo: “Diga algo, no se quede callado. Finalmente, para eso le pago, ¿no?”

En ese punto, suelo preguntar: “¿Qué ha hecho para manejar la situación?” Algunos me comparten estrategias interesantes, como listas de asuntos, conveniencias e inconveniencias, análisis de cualidades y defectos, o incluso viajes para desconectarse un poco. Sin embargo, pese a lo interesante del ejercicio, esas estrategias no callan el dolor, ya hecho carne. Esto me hace pensar que, aunque valiosas, no son la solución. Tal vez sea necesario aceptar que, pese a la honestidad y la sinceridad, el otro tiene cierta libertad (o menos de la que creemos) para no aceptar una relación poliamorosa. De hecho, incluso con la intención puesta, puede tomar la decisión de no aceptarla. Y ahí se complica todo, porque toca perder. Nadie puede tener todo lo que quiere en la vida; a veces algo se tiene que perder. Y aunque puedas identificarte con el vacío que deja lo perdido, también existe la posibilidad de que te conectes con tu proceso de transformación.

Aquí suelen surgir un par de preguntas mortales, que suelo poner en su lugar: “¿Cómo se hace eso, doctor? ¿Cómo se acepta que algo se tiene que perder? ¿Y cómo se repara el daño causado?”

En este punto es inevitable que alguien salga lastimado. Ten en cuenta que toda relación interpersonal implica un riesgo, y dos de las partes del trío lo corren de manera consciente o inconsciente. Aunque se debe intentar causar el menor daño posible, toda decisión tiene implicaciones y consecuencias, y cada carta tiene su contra. Y la contra llega. Todas las partes de este conflicto deberán asumir las consecuencias de sus decisiones. Cada una tendrá que aceptar cosas, por muy dolorosas que sean. Además, recuerda: entre más te demores en tomar una decisión, el destino la tomará por ti. Es decir, una de las partes del trío, o ambas, lo hará. Si tu estrategia es no decidir, en realidad estás mostrando una señal de imposibilidad.

Este dilema no se resuelve sobrepensando las cosas, ni rumiando, ni con soluciones dramáticas o impulsivas, ni maltratándonos por senti-pensar que amamos a dos personas al mismo tiempo. Aun cuando lo hagamos por razones equivocadas (por deseos ajenos), esas cosas nos hacen humanos. Y te digo que, incluso equivocándonos en nuestras decisiones, eso no nos convierte en hijueputas ni en malparidos; es un reflejo de que estamos vivos, un reflejo de nuestra humanidad. Vivirlo valientemente, cara a cara, es finalmente una excelente oportunidad para transformarnos, para trascender. Lo que sí nos categoriza como tales es el perrateo a la dignidad del otro, la burla. Dicho esto, es pertinente no perder de vista que la vida no se debe tomar tan en serio, que no es cierto que normalmente haya una sola salida a las cosas. Más bien, te invito a pensar que tal vez estés equivocado en algo mucho más potente y, al final, definitivo: quizás estás fallando en no valorar tu mortalidad al creer que tienes todo el tiempo del mundo para invertir más del que realmente tienes frente a ciertos desafíos. Por esa razón, tal vez fallas en aprovechar tu vida. Por ello, te invito a detectar, diferenciar y debatir esos sentimientos, pensamientos y conductas que te hacen sentir vergüenza de ti mismo cuando cierras los ojos y que te hacen reflejarte de manera amorfa en tu espejo interior.

Notas

  • [1] La arroba obedece a que el deseo no es campo exclusivo del hombre en pareja, sino, también de la mujer.
  • [2] Entre las cuales cabe mencionar: Los primeros modelos de amor, su nivel de neuroticismo y la calidad de los pensamientos, entre otros elementos psicológicos.
  • [3] Pues no es fácil tener contentos a Dios y al diablo al mismo tiempo; de tal manera que se pueden presentar, y se presentarán, percepciones de incompatibilidades en el cumplimiento de compromisos y lealtades; percepción que tal vez generen o evoquen exigencias insostenibles y despiadadas por una o ambas partes del triángulo amoroso; no por malas o *#&%, sino como defensa, como una voz de protesta a una representación de agresión, violencia o indignación para con su amado.
  • [4] Caso digno de estudio, de análisis; y aunque te parezca hoy grave, te invito con humildad a verlo desde otro punto de vista, como una señal de que estas vivo, como una señal de que ya probaste lo significa ser carne de cañon, tropiezo que al final, quizás, te lleve a encontrarte contigo mismo (a); sin embargo, éste caso no siempre es del orden de nuestros problemas.
  • [5] Sino desde un lugar de objeto de deseo.
  • [6] Por eso se puede amar y se puede traicionar al mismo tiempo, y aunque menos probable, también se puede traicionar estando enamorado, y ello obedece a que ni siquiera la obnubilación detiene al deseo.
  • [7] Mira, aunque sé que cada uno arma sus pasiones como puede (Pues venimos con defectos constitutivos), debo advertirte que si decidiste emprender una relación con un o una amante, no permitas que al deseo se le sume el amor, pues ahí es donde “empieza” el horror, esa es la ruta al infierno, en la que no solo comprarás tú condena, sino que no sabes la angustia que te espera; sin embargo, también sé que advertirte probablemente no te ayude mucho, pues a veces el espanto es imposible de evitar, pues nos empuja una búsqueda patológica de arañar nuestra heridas, una compulsión a la repetición que nos lleva a un abismo que nos cautiva, lugar al que algunos psicólogos llamamos goce.
  • [8] Explorando las razones por las cuales quiere ser tú amig@, la intención que tiene y conociendo como se comporta normalmente en sus relaciones interpersonales, explorando como interpreta el mundo y sus circunstancias, explorando sus valores, sus preferencias de entretenimiento y la manera en que resuelve sus conflictos, entre otras características, para disminuir los riesgos de error en la elección.
  • [9] Si estas en pareja cuando inicia un proceso de este tipo, y estas vulnerable en el orden de lo real, de la imaginación o la fantasía en algún punto para con ella, sumado a tus marcas, a la inexperiencia en el tema, a algún momento peligroso relacionado con alcohol, es posible que tropieces con la traición, es posible que tropieces contigo mismo.
  • [10] Pues en la cercanía puede entrar en juego la sexualidad o el sexo, y si tienes suerte terminar en un enamoramiento o en el amor mismo, si no es que del acostón terminas en un embarazo no deseado, una ITS, VPH o VIH, como ya ha pasado, y pasa… o en un hábito insaludable de llenar vacios.
  • [11] Afirmación que tampoco nos condena a traicionar, pues, aunque no lo parezca nuestra naturaleza no es instintiva, y aunque que difícil, y con mucho esfuerzo, sí se puede evitar la traición, sí se puede ser fiel, ni más faltaba, sin embargo, y a pesar de ello te advierto que hay cosas que son más fuertes que el amor y el deseo.
  • [12] Razón por la cual no somos seres libres, sino, que lo que tenemos a duras penas es una migaja de libertad.
  • [13] Pero ojo, porque no nos enamoramos de cualquiera, esa persona tiene un rasgo que desde la infancia nos conecta con ella o él (Rasgo que puede ser físico o psicológico), por ejemplo una forma de mirar, de reír, de sentarse, de caminar, etc, lo que quiero expresar abiertamente es que no es un tema tan al azar, como parece.
  • [14] Bueno, al final de cuentas el amor es un riesgo, no?; el amor no es confiable, y quien se aventura a él, debe recorrer sus peligros, pues en él no hay certeza; por cierto, el esposo de Caroline era Ricardo Izecsonn dos Santos, considerado uno de los mejores futbolistas del mundo… por si no asocias ese nombre, él es más conocido como Kaka.
  • [15] Sin embargo, aquí es válida otra pregunta: ¿Las partes en tú triángulo amoroso querrán compartir a su amado?
  • [16] Sin embargo, te invito a no condenar, y a considerar que quizás ella no sea ninguna de esas cosas, quizás sea la conducta de un ser humano con mucho, mucho, mucho miedo a perderte, pues sabes que si te ve con otro hombre, morirá; y si tú mueres, ella enloquecerá, es decir, quizás estamos ante un puñal con 2 puntas.
  • [17] Letra adaptada de la canción el dilema de Silvestre Dangond.
  • [18] Más aún, si hay hijos de por medio.
  • [19] Por ello te invito a que te prepares teniendo en mente, además de la honestidad, criterios tales como interés (Cuidado, protección y/o satisfacción de lo que necesita cada una de las partes o de lo que les importa), opciones (Ver y estudiar los posibles acuerdos), alternativas (Analizar y descartar racionalmente todas las cosas que se pudieron haber hecho antes de llegar a un acuerdo), legitimidad (Que el acuerdo o trato sea justo, es decir, dar a cada quien en la proporción adecuada lo que merece, cuando lo merezca y como lo amerité), relaciones (Luchar por no perjudicar o lesionar la relación) y compromisos (Cumplimiento de las promesas).
  • [20] Y acá planteo que la no aceptación por parte de ellas, o de una de ellas, tal vez, sea por un límite moral, impuesto por la religión, no la naturaleza (Humana); de tal manera que no es verdad que haya una inscripción en nuestra especie, que impida que las partes en el triángulo amoroso puedan, incluso, vivir juntas en la misma casa, y acabar el rollo de una vez y por todas, y así poder enfocarse en lo importante (Trascender, vivir, buscar la felicidad). Ahora bien, tampoco hay porque andar publicando éste tipo de amores en las redes sociales, ni con compañeros de trabajo, no?.
  • [21] Por ésta vía puedes aprovechar tú existencia, quizás puedas aprovechar el poco tiempo que te queda… háblate y habla francamente, quizás por ahí aproveches más tú tiempo, quizás por ahí vivas y busques tú felicidad.
Fabio Enrique Olivo Montañez

Fabio Enrique Olivo Montañez

Psicólogo en Barranquilla

Carrera 43 No. 72 - 122,
Edificio Centro de Profesionales
Barranquilla, Colombia

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